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¿Por qué los padres debieran educar a sus hijos en el hogar? |
| “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre” (Salmo 127:3) | |
Dios les dio a los padres el privilegio de educar a sus hijos en la casa (Dt 6:6-7). Esto implica que los padres debieran ser los primeros y principales maestros de sus hijos. La conducta de un niño traerá honra (Ex 20:12) o deshonra (Dt 21:18-20). Todos los mandatos bíblicos en cuanto a la educación y la crianza de los niños están dirigidos a los padres. Pablo dice que los padres debieran criar a sus hijos “en la disciplina y amonestación del Señor” (Ef 6:4).
Romanos 12:2 dice que: “no nos conformemos a este siglo sino que, por el contrario, nos transformemos por medio de la renovación de nuestro entendimiento”. Ya que somos transformados conforme nuestra mente es renovada, entonces queda claro que lo que debe cambiar es nuestra manera de pensar. Esto también es verdad en cuanto a los hijos; y la educación en casa les da a los padres la oportunidad de ser la mayor influencia en cuanto a la forma de pensar de sus hijos. Este verso también nos advierte que no debemos ser conformados a este mundo. Eso significa que no debemos buscar los caminos del mundo. Esto también es un recordatorio a los padres de que el mundo nos ha quitado el privilegio y la responsabilidad de educar a nuestros propios hijos. Por esta razón, los padres mismos necesitan renovar su mente, y entender la gran importancia de recuperar ese privilegio que han recibido directamente de Dios.
El Salmo 31 dice que Dios determina las características de cada uno de nuestros hijos, desde que están en el vientre. Esto no se refiere sólo a las características físicas, sino también a su temperamento y personalidad. Los padres no determinan esas características (aunque seguramente tuvieron alguna influencia genética en ellas); los hijos son un resultado directo de la obra creativa de Dios. Así como un fabricante de candelas decorativas toma una sola forma básica para todas ellas, y luego va añadiendo capa sobre capa de cera caliente para ir dando características diferentes y hermosas a cada una, los padres han sido encargados por Dios para que vayan agregando capa por capa al entendimiento y los conocimiento de sus hijos. Si los padres escogen delegar en otras personas esta obra, están evadiendo una de sus responsabilidades más importantes, ¡y habrán influido muy poco en el producto final!
Los niños son creados por Dios de una forma determinada (su carácter, su inteligencia, su temperamento, sus dones), pero los padres pueden influir positivamente en su desarrollo al dirigirlos en una dirección correcta, o negativamente, si voluntaria o involuntariamente escogen dirigirlos en la dirección incorrecta. Aun antes de nacer, Dios determina su propósito supremo para cada niño. No obstante, la educación que cada uno reciba determinará si ese niño será moldeado de tal manera que alcance esa meta divina. Pero así como el fabricante de candelas tiene muy poco tiempo para moldear y darle forma a cada una según, el diseño predeterminado, los padres también tienen muy poco tiempo para moldear a sus hijos conforme al diseño que Dios tiene para ellos. Así como la cera caliente se enfría y endurece pronto, el tiempo oportuno que Dios nos da para enseñar a nuestros hijos pasa igualmente rápido. Así como llega el momento en que las impresiones en la cera no pueden hacerse más sin dañarla, así llega también el momento en que los padres ya no pueden moldear el corazón de sus hijos. Por eso es muy importante que tengan ese sentido de urgencia para educarlos y guiarlos, porque el tiempo que tienen para hacerlo es muy corto. ¡Cuánto gozo si son moldeados apropiadamente; y cuánto dolor, para los padres e hijos por igual, si no lo son!
Los padres tienen diariamente la oportunidad de plantar en el corazón de sus hijos los principios y hábitos de vida que son agradables a Dios. Si lo hacen, cuando sus hijos crezcan, tendrán el gozo de ver que las semillas que plantaron produjeron fruto.






